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LA RECETA DE LOS JUEVES: Maíz, caldo y fuego

  • Foto del escritor: Chef Yerika
    Chef Yerika
  • hace 6 días
  • 3 Min. de lectura
Sopa clara de maíz blanco, hierbas y vegetales que habla de origen
Sopa clara de maíz blanco, hierbas y vegetales que habla de origen

Cuando el sabor no necesita ser explicado.


En Latinoamérica, el lujo no siempre ha sido abundancia. Muchas veces ha sido claridad.

Antes de las salsas complejas, antes de los estofados largos, incluso antes de la proteína como centro del plato, estuvo el caldo. Caldo como primer gesto de hospitalidad. Caldo como forma de alimentar sin imponer. Caldo como lenguaje común entre culturas.

Este plato nace de esa idea. No es una sopa “pobre”, ni minimalista por moda. Es una sopa consciente, donde cada ingrediente está porque debe estar, no porque decore.

El maíz blanco, base de tantas cocinas latinoamericanas, se convierte aquí en el eje. No como masa, no como tortilla, no como acompañamiento. Como protagonista silencioso.

Un plato sin fronteras, pero con territorio

  • En México, los caldos de elote y de maíz tierno acompañan la vida diaria.

  • En Perú, los fondos claros sostienen la cocina criolla y amazónica.

  • En los Andes, las sopas siempre han sido refugio y nutrición.

Este plato no pretende representar a un país. Intenta representar una forma de cocina latinoamericana: sobria, honesta y profundamente conectada a la tierra.

El concepto

  • Maíz blanco trabajado con respeto, sin molerlo del todo.

  • Caldo vegetal limpio, bien construido, sin atajos.

  • Vegetales de temporada, cortados con intención.

  • Hierbas frescas añadidas al final, nunca cocidas en exceso.

  • Nada de crema, nada de espesantes, nada de artificio.


  • Opcional: queso o pollo, al gusto. No hay límites.

Un plato que podría servirse como entrada, como plato central ligero o como pausa en un menú más amplio.

Ingredientes (4 personas)

Para el caldo base.

  • 2 mazorcas de maíz blanco (o maíz seco remojado)

  • 1 cebolla blanca.

  • 1 puerro.

  • 1 zanahoria.

  • 1 diente de ajo.

  • 1 hoja de laurel.

  • Sal al gusto.

  • Agua fría (cantidad necesaria)

Para el plato

  • Granos de maíz cocidos (reservados del caldo)

  • Calabacín en dados pequeños.

  • Zanahoria baby en rodajas finas.

  • Habas o arvejas frescas.

  • Aceite de oliva suave.

Hierbas y final

  • Cilantro.

  • Epazote o hierba santa (opcional, muy sutil)

  • Cebollino.

  • Jugo de limón o lima (unas gotas)

Preparación

El caldo

Coloca las mazorcas (o el maíz), la cebolla, el puerro, la zanahoria, el ajo y el laurel en una olla con agua fría. Lleva a ebullición suave y cocina a fuego lento durante al menos una hora.

Cuela con cuidado. Reserva los granos de maíz cocidos y desecha los aromáticos. Ajusta el caldo de sal. Debe ser claro, limpio y ligeramente dulce.

Los vegetales

Saltea brevemente los vegetales en una sartén amplia con un poco de aceite. No deben dorarse; solo ablandarse ligeramente y mantener el color y la textura.

Montaje

Calienta el caldo, añade los granos de maíz y los vegetales salteados. Apaga el fuego. Añade las hierbas frescas picadas y unas gotas de cítrico justo antes de servir.

Cómo se sirve y cómo se entiende

Este plato no se explica en la mesa. Se sirve caliente, silencioso, sin adornos.

No busca aplausos inmediatos ni fuegos artificiales. Busca algo más difícil: ser recordado.

El comensal entiende, casi sin darse cuenta, que:

Sabe a tierra. Sabe a calma. Sabe algo que podría haberse cocinado hace cien años… o mañana.

Y en ese espacio, entre lo ancestral y lo contemporáneo, vive la verdadera identidad culinaria.

Porque cuando un caldo está bien hecho, cuando el maíz habla por sí solo y las hierbas llegan justo al final, la cocina deja de ser un acto de respeto.


Eso es cocina con identidad.

Por qué este plato es ANDINO

  • No depende de una proteína.

  • No se apoya en picante ni en grasa.

  • No busca impresionar, busca conectar.

  • Permite variaciones infinitas según la estación.

  • Funciona como discurso, no como moda.


TipS de Chef Yerika

Este tipo de plato es ideal para:

  • Abrir un menú de degustación, preparando el paladar sin saturarlo.

  • Ser una entrada inesperada que baje el ritmo y centre al comensal.

  • Comunicar valores culinarios sin necesidad de discurso en sala.

  • Trabajar la estacionalidad real, cambiando vegetales y hierbas según el momento del año. Dar protagonismo al fondo, una de las pruebas más claras de la madurez de una cocina.

Si decides llevar este plato a restaurante, recuerda:

  • El caldo debe poder servirse por sí solo. Si necesita correcciones en mesa, aún no está listo.

  • Menos ingredientes exige más precisión: tiempos, cortes y limpieza lo son todo.

Si el caldo está bien hecho, no necesita nada más.







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